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Lic. Jorge Infante Alarcón

Las listas, los nuevos funcionarios y el futuro de un estado Por Jorge Infante Alarcón

Aun faltando horas para que el gobernador electo de a conocer la lista de personas que conformaran su gabinete en los puestos preponderantes, la ansiedad y especulación están a todo lo que da, en todos aquellos con un interés en la política o en ver quiénes serán los elegidos en los que recaerá la enorme tarea de sacar adelante cualitativamente a un estado tan necesitado de un desarrollo sustentable, armónico y en regresar la paz, como tanto se pregonó lo iban o van a hacer. Para los que con júbilo y hasta denostaciones celebren la salida de los “indeseables” para dar entrada a la marea azul como en alguna ocasión parafraseó un gran amigo panista, deberán guardar más calma y compostura, ya que la tarea en mano no es nada fácil.

Se necesitará generar un verdadero cambio pero no solo de colores o identidad sino de fondo y forma, desarraigar las malas costumbres, hacer más eficiente la administración y anteponer siempre por delante los intereses de los tamaulipecos y de nuestro hermoso pero vapuleado estado. Convocar y dar cabida a todo aquel que genuinamente quiere aportar y trabajar duro para dicha causa, sin distingos, sin prejuicios ni sentimientos segregativos.  Esto ya se ha dicho y es el gobernador electo quien lo ha dejado en claro, espero y así sea por el bien de todos y no quede solo en una bonita nota discursiva como ya tantas veces en el pasado tristemente hemos presenciado y escuchado. Muchos buenos deseos pero poca acción, muchas promesas que alientan pero que terminan decepcionando, muchas palabras que llegan al corazón pero que solo fueron escritas para continuar simulando.

Y en el arte (por qué pareciera que en eso lo han convertido muchos políticos) de la simulación, los colores es lo de menos, lo hemos visto en el país y  nuestro estado no ha sido la excepción. Farsantes tricolores, azules, amarillos, verdes, naranjas, personas que atienden más sus propios intereses o los de ciertos grupos, que a los de la ciudadanía. Por eso el cambio debe ser de raíz, extirpar el mal que pulula dentro del sistema y de la sociedad, trabajar arduamente y siempre poniendo el ejemplo de honorabilidad.

El ser un servidor público es un enorme honor y una gran responsabilidad y más en estos tiempos, nunca se nos olvide que aquel que ostenta un puesto, no es ningún rey plenipotenciario como para imponer su voluntad, es una persona que debe de estar a la orden de la ciudadanía, ser servicial, amable y con un genuino deseo de atender honorablemente las funciones para las cuales fue contratado. Su nombre lo dice “SERVIDOR PÚBLICO”.

Si en verdad se ama algo, se cuida, se venera, se atiende y se respeta, entonces si se ama verdaderamente a Tamaulipas y a México, no hay excusas para no entregarse en cuerpo y alma para ayudar a engrandecerlos y en el camino enorgullecerse al cumplir cabalmente con nuestro patriotismo.

De mi parte, como un Tamaulipeco interesado en que mi bella tierra vuelva a florecer, de inicio doy mi voto de confianza para la nueva estructura, aún con algunos aspectos en su accionar en los que pudiese discrepar, les doy el beneficio de la duda. Me ha tocado ver y vivir en carne propia las injusticias de los sistemas, la soberbia institucional, la desvergüenza profesional y mucho mugrerío que tanto ha afectado al correcto funcionamiento de un estado y por ende de nuestra sociedad. No se necesita ser un erudito para saber que estamos tan mal porque tan mal nos han manejado y eso se constata en que alrededor del 80 por ciento de los mexicanos piensan que el político es alguien que se corrompe y que mal hace, en lugar de ser alguien que concilia y trabaja para hacer el bien.

Para todos los nuevos funcionarios les pido por favor coherencia y decencia, les solicito trabajar con eficiencia y responsabilidad, los convoco a que juntos hagamos todo lo que en nuestras manos esté para el bien de Tamaulipas. Les exijo como un ciudadano avalado por mi constitución, que se dejen de apasionamientos banales y de colores, ya que lo que está en juego no es la permanencia de un status de poder sino el destino de millones de personas.

Terrorífico es nuestro presente y si no accionamos ahorita, horroroso será nuestro futuro.

Reflexión:

Y que no pase como bien dijo Amos Bronson Alcott:

“La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”

 

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